AUTOR DE EL SASTRE DE SALÉ
Ficha del libro: El sastre de Salé
¿Qué te inspiró a escribir El sastre de Salé? ¿Hubo algún evento o lectura específica que te motivó?
Tras estudiar el fenómeno de la expulsión de los moriscos y preguntarme qué fue de ellos, adónde fueron, cómo se adaptaron a su nueva vida y cómo enfrentaron su futuro, di con los moriscos de Hornachos, su periplo por Berbería y la República Corsaria de Salé que ellos instauraron.
¿Cómo fue tu proceso de investigación para recrear fielmente el Siglo de Oro, la Sevilla de la época y la República Corsaria de Salé?
Sobre la Sevilla del Siglo de Oro hay miles de páginas escritas con más o menos acierto. Tuve la suerte de recibir la investigación sobre la expulsión de los moriscos de un historiador, la cual me ayudó bastante a hacerme una idea general. Después de leer cientos de estas páginas, visualicé en mi mente una Sevilla resplandeciente donde crecer, vivir y superar las vicisitudes de la vida no era tan fácil. Para la República Corsaria de Salé lo tuve muy difícil, ya que no encontré nada que no fuesen documentos fríos puramente de información, nada novelado. Me inspiré en la propia Sevilla del XVII, la vida de sus calles, el comercio y la zona portuaria, pero con la diferencia de que en Salé se negociaba con cautivos y mercancías procedentes de la piratería. Para recrear las calles de Salé me inspiré en pueblos como Vejer de la Frontera.

¿Cómo desarrollaste el personaje de Tomás, el protagonista de toda esta historia? ¿Está basado en un personaje histórico o es completamente ficticio?
Bueno, el personaje de Tomás es totalmente ficticio. Yo quería un héroe totalmente diferente a lo típico, no buscaba un tipo curtido en mil batallas ni con la experiencia de alguien maduro. He querido que mi personaje transmita sus miedos, su inexperiencia, hacer que el lector sienta el peligro y la tensión a la que lo expongo, que se vea real y se respire el proceso de transformación que sufre Tomás. Esto creo que lo he conseguido teniendo a un niño como personaje principal.
Además de Tomás, ¿qué personaje o personajes consideras especialmente interesante/s y por qué?
Sin lugar a dudas, están el misterioso fraile, Cristóbal de Zulueta, y cómo no podía ser menos el pirata Jan Janszoon. Este último es un personaje real que me pareció desde el primer momento muy interesante ya que fue coartífice de la República de Salé junto a los moriscos. Tras leer su biografía, me hice una idea de cómo tuvo que manejar sus asuntos, lo astuto, frío y calculador que debió de ser.
Ambientar la novela en un período histórico tan específico y en lugares tan diversos como Sevilla y la costa africana supuso, con seguridad, un gran desafío. ¿Qué nos puedes comentar sobre este reto literario?
Como comenté en la anterior pregunta, sobre Sevilla he leído muchísimo y, al vivir aquí en Sevilla, pues no lo he tenido tan difícil: un paseo por la Alcazaba y el barrio Santa Cruz es suficiente para hacerte una idea. Sin embargo, nunca he pisado África ni Marruecos, concretamente. De hecho, para meterme en las calles de la medina de Salé (hoy Rabat) utilicé la aplicación de Google Maps, y la imaginación hizo el resto.
¿Hubo alguna escena o parte de la historia que te resultara particularmente emotiva o difícil de escribir?
Pues sin develar mucho, creo que la huida de Fernando (Ahmed) y su hermana fue lo más crudo por querer describir los horrores de la guerra. Para escribir sobre la crueldad del momento con detalles tales como el desprecio por la vida y la doble moralidad me tomo su tiempo.
¿Crees que hay paralelismos entre los acontecimientos de tu novela y situaciones contemporáneas?
Rotundamente sí. La avaricia, el ansia de poder, la crueldad o la maldad no han cambiado, es intrínseco a la Historia de la Humanidad. Por otro lado, la lealtad, el amor o las ganas de superarse tampoco han desaparecido, por fortuna.
Nada más terminar su almuerzo y repasar las lecciones que tomaba en la Universidad de Mareantes, Tomás bajaba diariamente la calle Larga en dirección al Puente de Barcas para perderse por las angostas calles del arrabal, siempre humeantes a causa de la multitud de fraguas y a la industria del pescado que servía de avituallamiento de las dotaciones de la Carrera de Indias —este pescado era mucho menos costoso y fácil de transportar que las llamadas dietas vivas—. A esta animada zona de la ciudad que le encantaba visitar se la conocía como el Arrabal de los Humeros.
Se disponía a recorrer la gran urbe repleta de almas entrando por la Puerta Real o de Goles. Allí siempre saludaba a una señora mayor que vendía unos días ramilletes de flores y otros días dulces tradicionales bajo la hornacina de la Virgen de La Merced que existía enclavada justo dentro del arco de dicha puerta.¡Pestiños, rosquillas y alfajores! —pregonaba la señora—. ¡Lléveselos hoy, que mañana traigo flores! —continuaba a viva voz—. ¿Adónde vas con tanta prisa, ratón?
¿Qué esperas que se lleven los lectores después de leer El sastre de Salé?
Me gustaría, aparte de conseguir meterlos en la piel de Tomás, que vivan con él su crecimiento personal, su sentido de la superación y su entereza moral. Que sirva de reflexión ante los problemas cotidianos y que recuerden que, para superar la traición, la deslealtad o la falta de empatía solo hay que ser fiel a uno mismo y no rendirse.
¿Qué destacas del proceso de publicación de El sastre de Salé?
El proceso de publicar pienso que es de aprendizaje, siempre se aprende algo nuevo, es lo mejor y he disfrutado muchísimo con la editorial, tanto en la corrección como en la maquetación y, por supuesto, en el diseño de la portada. Me he sentido parte del equipo. Siempre se ha respetado mi opinión; esto no quita que haya que ser humilde y dejarse aconsejar por los profesionales que, en este caso, puedo atestiguar que en Ediciones Panguea lo son. Destacaría sobre todo el trato personal recibido.
La publicación de esta novela te ha permitido, por casualidades del destino, conocer a una persona oriunda de lo que fue Salé, la actual Rabat. ¿Qué podrías contarnos de esta experiencia?
Fue toda una sorpresa conocer a Soufiane, un auténtico ciudadano de Salé, y ha sido una experiencia increíble charlar con él y contrastar con asombro que lo que detallo sobre Salé se ajusta muchísimo a la realidad, hasta tal punto que este chico no creía que yo no haya pisado suelo marroquí aún. Llegó a decirme que he descrito su casa, su jardín y las estancias interiores, además de las calles, la muralla o la Casba… Un momento que no olvidaré por lo bien que lo pasé charlando y por la amistad que se creó.

Después de El sastre de Salé, ¿tienes planes para futuras novelas o proyectos literarios? ¿Puedes adelantarnos algo sobre ellos?
Pues tengo en mente una segunda parte de El sastre de Salé, pero antes me gustaría embarcarme en un período diferente, concretamente en el calcolítico, pues vivo en una zona rodeada de restos arqueológicos y a escasos quinientos metros de un dolmen cuyo hallazgo, además de sorprendente en ciertos aspectos, encierra un misterio sobre las personas a las que allí se les dio sepultura. También te puedo decir que ya he empezado a escribir una nueva novela y que el registro es totalmente diferente a lo histórico; de hecho, es novela erótica. Me siento muy cómodo al no tener que regirme por un orden cronológico o llevar un esquema de personajes reales en el que no te puedes tomar muchas licencias para no rozar la ficción. Después de dos libros de carácter histórico, siento que mi mente necesita un descanso.
Llamó a la puerta y dos sirvientas moras le hicieron pasar a través de un exquisito jardín de altas palmeras que sombreaban todo aquel espacio repleto de tiestos de delicados perfumes, ofreciendo en todo su conjunto un agradable frescor. Llegaron hasta una estancia lujosamente decorada.
Echado sobre un diván tapizado de seda y oro estaba el almirante. Al principio no lo reconoció, pues iba vestido con una fina túnica blanca ribeteada de oro tanto el cuello como las mangas, unas vistosas babuchas puntiagudas de tafilete y un elegante turbante también blanco adornado con un ostentoso broche con piedras preciosas encastradas y varias perlas; sujetaba este una pluma de avestruz teñida de verde.
A Harid le pareció estar en la Corte de un sultán en vez de en el salón de la casa de un pirate.
