Tarde o temprano, como escritores debemos pararnos un momento a pensar en una estructura coherente a seguir durante el proceso de escritura de nuestro libro. Es por ello por lo que se plantea el dividir la historia en varios capítulos, para evitar así colapsar al lector, y poder guiarlo por la trama a nuestro antojo. 

Realmente, no hay una norma escrita que indique cómo o en cuántas partes debemos dividir una novela, pues esto dependerá de múltiples factores como la organización, la duración, o la estructura de la misma. Aun así, en este post te daremos algunos consejos para que puedas comenzar a plantearte la estructura de tu libro. 

¿PARA QUÉ SIRVE LA DIVISIÓN POR CAPÍTULOS? 

La división por capítulos se utiliza para ordenar el contenido de la historia y los acontecimientos que ocurren en ella. Dicha organización es muy importante, tanto desde el punto de vista del lector, como del propio escritor. Esto se debe a que al primero le va a permitir ubicarse mejor dentro de la trama que está teniendo lugar en ese momento, y al segundo, el visualizar de forma más precisa la estructura planteamiento, desarrollo y desenlace a la hora de escribir la obra. 

Desde el punto de vista del propio lector, resulta prácticamente imprescindible esta pausa que comentamos. Además de aportar un respiro, ofrece la oportunidad de pausar la lectura cuando él o ella lo desee. Y es que esto casi siempre ocurre así: como seres humanos, necesitamos continuamente guías que nos sitúen. De por sí, cuando leemos un libro solemos dejarlo para el día siguiente en cuanto terminamos el capítulo, rara vez a mitad. Es por eso que es importante pautar la lectura del receptor, y que encuentre espacios naturales en los que pausar. 

¿CUÁNTO DEBE EXTENDERSE UN CAPÍTULO? 

Realmente, como hemos citado al inicio de este post, no hay ninguna regla escrita respecto a este tema, pues depende de muchos factores. A la hora de la verdad, la extensión de cada capítulo es lo de menos, lo importante es que verdaderamente cumpla el objetivo de transmitir lo que tú como escritor tienes en mente a la hora de escribirlo. 

Todo dependerá de la idea que queramos reflejar en nuestra obra: si queremos escribir una novela corta que se lea en poco tiempo, deberemos acotar la duración de los capítulos, pero si, por el contrario, queremos desarrollar una historia compleja, tendremos que optar por la opción de escribir capítulos más extensos, a través de los cuales podamos comunicar al lector todo aquello que sea relevante para el seguimiento de la trama. 

¿DÓNDE CORTAR EL CAPÍTULO? 

A la hora de estructurar nuestra obra y dividirla en capítulos, podemos hacerlo atendiendo a distintos factores: 

DIVIDIR EL CAPÍTULO A PARTIR DE LA TRAMA

Para ello tenemos que prestar atención al argumento y localizar los hechos más importantes de cada parte. Debemos intentar que cada capítulo cierre de forma consecuente a lo ocurrido en el mismo. Esto quiere decir que en ocasiones podemos tratar los capítulos como pequeñas historias dentro de la trama principal, y percibir la novela como una trama general, formada a su vez por una serie de episodios individuales que hacen que esta avance, mientras ocurren otros hechos independientes, y que tienen cierta relación con la trama principal de la que hablamos. 

DIVIDIR EL CAPÍTULO SEGÚN EL RITMO 

Es cierto que el hecho de que una novela esté formada por numerosos capítulos de corta extensión favorece la agilidad al ser leída, pero existen ciertas reglas que deben ser respetadas, no podemos cortar a nuestro libre albedrío. A pesar de esto, no siempre es bueno llevar a cabo esta estrategia, ya que dependiendo del tipo de relato que queramos escribir, podremos encontrar una serie de inconvenientes. 

Por ejemplo, si anteponemos el profundizar en los personajes o el crear tramas secundarias interesantes a la versatilidad lectora de la obra, es preferible que nos decantemos por capítulos largos, que nos permitan mostrar al lector todo aquello que sea necesario para el correcto desarrollo de la trama. 

DIVIDIR EL CAPÍTULO SEGÚN LOS PERSONAJES

En este caso, cada capítulo se centraría en un personaje, el cual sería el protagonista absoluto del propio capítulo. Gracias a esto, podremos extender el número, tanto como personajes contenga la obra. 

De todas formas, volvemos a repetir lo citado anteriormente: cada historia y cada autor son un mundo, por lo que no existen reglas establecidas que sentencien cuándo debemos y cuándo no debemos cortar. Simplemente, observa y analiza tu obra, y tú mismo sacarás conclusiones de cuándo hace falta pasar a otro capítulo y cuándo no. 

CONSEJOS PARA ESCRIBIR GRANDES CAPÍTULOS

A continuación, os ofrecemos algunos tips a tener en cuenta si queremos dotar a los capítulos de nuestra novela de cierto dinamismo y así entusiasmar aún más al lector con la historia: 

EMPEZAR IN MEDIA RES 

In media res proviene del latín, y literalmente se traduce como “en medio del asunto”. Por tanto, comenzar in media res es una técnica literaria en la cual la narración comienza en plena acción. 

Este recurso nos aporta dos beneficios. El primero de ellos es que dota de gran agilidad e intriga al capítulo, puesto que partimos de un punto prácticamente desconocido para el lector, y vamos mostrándole información a medida que va avanzando.  

Y el segundo, es que omitimos mucha información irrelevante que, del contrario, haría que la trama se hiciese demasiado densa. No es necesario explicarlo todo, el lector sabe perfectamente deducir qué está pasando sin que se le recalque cada detalle. 

SEPARAR LAS ESCENAS 

Entendemos como escena aquel fragmento de acción que transcurre en un mismo lugar y en un mismo instante. Si alguna de estas variables cambia, la escena también lo hace. 

Muchos autores basan sus capítulos en escenas completas, y eso ralentiza la obra demasiado. Lo ideal sería introducir varias escenas por capítulo y así agilizar la acción. Es tan sencillo como indicar en el siguiente párrafo que hemos cambiado de hora, de día o de lugar, y continuar con la trama. 

TERMINAR EL CAPÍTULO CON UN CLIFFHANGER

El término “cliffhanger” significa literalmente “colgado de un precipicio”. Es muy utilizado sobre todo en guiones televisivos o cinematográficos en Estados Unidos, pero es un recurso que a día de hoy tenemos muy presente también en las novelas. 

Simplemente se trata de terminar un capítulo dejando una acción importante sin resolver, para así atrapar al lector y obligarlo a leer el siguiente. En la mano del autor está resolver la trama del todo en el próximo capítulo, o esperar un poco más y mantener al lector tenso durante más tiempo. 

Es un muy buen recurso, pero en su justa medida. No es bueno abusar de él porque debemos dejar ciertos espacios naturales que permitan al lector retomar la novela en otro momento, pero en pequeñas dosis dota a la historia de un gran aurea de intriga y misterio muy interesantes. 

Recuerda que, en Ediciones Pangea, contamos con un equipo de editores profesionales que te asesorarán en todo momento para que no tengas ningún tipo de problema a la hora de llevar a cabo tu propia obra literaria. 

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